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No temas, acepta tus limitaciones.

Algunos de vosotros habréis entendido en el mismo instante en que lo habéis leído qué he querido transmitir. Otros de vosotros quizá necesitéis un poco más de tiempo. Y otros, lo habréis interpretado como una de las muchas interpretaciones que se pueden hacer de algo.

Al fin y al cabo, eso es lo que hacemos, interpretar. Nos basamos en nuestras percepciones, ellas son la brújula que utilizamos. También utilizamos nuestras creencias, un peldaño más en nuestra escalera. ¿Qué es una creencia? La acumulación de nuestras interpretaciones a lo largo del tiempo (Ahora piensa, ¿qué es para ti una creencia?, ¿una interpretación?, ¿una percepción?).

Volviendo al principio, ¿qué hace que haya escrito que aceptemos nuestras limitaciones? ¿Acaso afirmar tal cosa no es limitar? Sí y no, depende de las gafas con las que se mire.

Propongo la aceptación como uno de los componente necesarios para fluir, nunca como resignación.

Aceptar las limitaciones es una propuesta positiva y constructiva (si te pones un segundo mis gafas). Saber cuáles son nuestras limitaciones reales (porque sí, las tenemos. Sí, no tenemos conocimiento de todo ni experiencia en todos los contextos) nos ayuda a caminar hacia el sendero de la consciencia y la coherencia interna.

¿Significa renuncia? ¡En absoluto! El planteamiento sería algo así como reconocernos, vernos, aceptarnos y respetarnos. Sin sobrepasar el límite de la autoexigencia. Sin presiones, sin destrucción ni frustración.

Hacer, arriesgarse, trabajar…disfrutando (ésta máxima la extiendo a todas aquellas cosas que hacemos día tras día, tanto para lo que consideramos «obligaciones» como para aquello que nos enciende el alma, sin más).

Abrazando limitaciones como posibilidades y opciones. Conocerlas para después desafiarlas.

Por este motivo me atrevo a decir de nuevo: No temas, abraza tus limitaciones.

 

 

 

AMOR, siempre.