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¿Qué hace que nos cueste tanto pedir ayuda? 

Basta entablar diferentes conversaciones para descubrir que uno de los factores que más nos inquieta es lo estrechamente ligados -porque así lo ligamos nosotros mismos- que están los conceptos «ayuda» e «incapacidad».

Si no pedimos ayuda cuando la necesitamos tendremos mayores dificultades a la hora de conseguir el objetivo para el que necesitamos ayuda. Si la pedimos, ¡Oh, oh! significa que no somos capaces de realizar las cosas por nosotros mismos. ¡Qué piedra tan grande estamos poniendo en nuestro propio camino!

Ciñéndome al concepto «tabula rasa» popularizado por John Locke la mente es concebida como una pizarra en blanco en el momento de nuestro nacimiento. No hay nada escrito; solo escribiremos en ella a través de las experiencias.

Dejando conceptos de corte más filosófico a un lado, no sé si habéis sido dueños de alguna experiencia propia o ajena en la que se haya pronunciado una frase con características similares a esta: «No nací sabiendo». Generalmente este tipo de expresiones son utilizadas como arma de defensa ante un error o una situación en la que nuestra «ignorancia» es latente.

Efectivamente, gracias a lo que sea, no sabemos de todo.Y escribo «gracias a lo que sea» porque eso significa que todos los días podemos aprender infinidad de cosas. ¿No es maravilloso? ¡Yo creo que sí!

Tener la capacidad de pedir ayuda significa darte la oportunidad de trabajar en equipo. Al trabajar en equipo te relacionas con otras personas, y al relacionarte y trabajar con otras personas puedes descubrir nuevos puntos de vista y adquirir conocimientos que antes no sabías. Pedir ayuda significa un gesto de amor y de valoración hacia ti mismo. ¿Por qué? Porque más allá de las dificultades persiste el deseo de alcanzar tu objetivo, porque «depender» en un momento concreto del proceso de la colaboración de otras personas no te hace menos útil sino que te engrandece, porque estás dispuesto a luchar por ti y por lo que crees.

Cuidamos el cuerpo haciendo deporte, cuidamos la alimentación bien por alcanzar un físico deseado o por querer cuidarnos por dentro, pero ¿qué hay de la mente? Frecuentemente se recurre a lectura de libros de autoayuda, a la visualización de películas que hablan sobre el miedo y el ego, produciendo una acumulación excesiva de contenido e información cuya salida -en no pocas ocasiones- es el bloqueo de la persona que lo consume.

¿Este tipo de comportamientos ocurren solo en el área de la psicología? Por supuesto que no. El mayor inconveniente que encuentro a este respecto es que al sobre-informarnos no dejamos espacio a la reflexión e interiorización de todo lo que hemos visto/leído, y así generamos un cúmulo de «buenos consejos» que no somos capaces en muchas ocasiones de procesar.

A veces nos sentimos perdidos o bloqueados en un momento o ámbito concreto de nuestra vida. Acudir a un profesional, en estos casos, supone coger las riendas del caballo y ser tú quien lo lleve, no él a ti. Si has acudido a alguno, si estás acudiendo en este momento, si te lo has planteado o estás ahora mismo a punto de dar el paso: ¡Enhorabuena! ¡Es precioso ver cómo te quieres!

 

AMOR, siempre.